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Señor
Presidente del Congreso de los Diputados, señor Presidente de Castilla-La
Mancha, Presidentes que lo habéis sido del Parlamento Regional, diputados y
diputadas de las siete legislaturas de estas Cortes, autoridades, amigos y
amigas, señorías, gracias a todos y a todas, a quienes estáis y a quienes no han
podido compartir este día con nosotros, a los que fuisteis y a los que sois, sin
vosotros Castilla-La Mancha no sería la espléndida realidad que hoy es.
Dentro
de dos días festejamos el nacimiento de nuestra Región y de sus instituciones,
cuyo linaje es el de la libertad plasmada en nuestra Constitución y en nuestro
Estatuto de Autonomía. Aquel 31 de mayo de 1983 iniciamos la andadura de nuestra
Región y, durante este tiempo, podemos decir que los ciudadanos de esta tierra
hemos ganado una causa: la de convertir en realidad y en sentimiento el sueño de
Castilla-La Mancha. Aquel día, aquel 31 de mayo Castilla-La Mancha abrió las
puertas del futuro de par en par. Ese día, con libertad, con autonomía, con
ilusión, con mucho trabajo y la voluntad de caminar juntos y superar
dificultades, comenzamos a conquistar el mañana, porque no nos hicimos ilusiones
sobre nuestro pasado sino que comenzamos a creer en nuestro futuro como
Comunidad Autónoma.
No es
necesario apelar a las estadísticas para comprobar que hemos aprovechado el
tiempo y nuestras oportunidades. Los que conocimos el pasado y conocemos el
presente sabemos de la profunda transformación modernizadora registrada en este
tiempo y a ese logro hemos contribuido todos los ciudadanos sin excepción,
porque el gran protagonista de ese cambio ha sido el pueblo de Castilla-La
Mancha. Como decía Borges: "nadie es patria, todos lo somos".
Cada uno
de vosotros, cada una de vuestras intervenciones parlamentarias, cada
iniciativa, cada discurso, unas veces desde la discrepancia, otras desde el
acuerdo, eran una idea que abría la puerta al futuro y al desarrollo, no sólo
económico, social o cultural, sino lo que es más importante, al desarrollo de la
convivencia libre y pacífica de una comunidad de hombres y mujeres. Hago mías
las palabras del diputado Gonzalo Payo: "no luches contra mí, lucha conmigo por
ese mundo que los dos queremos". Permitidme que diga que ese mundo es esta
Castilla-La Mancha que entre todos estamos construyendo.
Antonio
Gala, Medalla de Oro de nuestra Comunidad, dijo en cierta ocasión que "la
democracia se presenta desnuda porque ha de convencer". Tiene razón, entre todos
vestimos la desnudez democrática de una Región naciente y lo hicimos desde la
convicción de que los castellano-manchegos y las castellano-manchegas tenemos
extraordinarias cualidades y posibilidades y, en democracia, en libertad, hemos
ido modificando el paisaje de nuestra tierra, comenzando por las propias
instituciones. Hemos elevado a normal lo que en otro tiempo era una excepción,
me refiero en concreto, a la composición, a la estructura, al funcionamiento de
nuestras propias Cortes.
Hoy, la
Cámara, es un reflejo claro y fiel de nuestra sociedad. Quien se asome a la
memoria de la primera legislatura comprobará cómo aquel 1983 tan lejano pero tan
cercano a la vez, abría el salón de Plenos a una única mujer, a Consuelo García
Balaguer, que compartía las tareas legislativas y de control del Gobierno con 43
diputados. Veinte años después, en la legislatura pasada, las Cortes de
Castilla-La Mancha alcanzaban la dignidad de ser el primer Parlamento autonómico
en tener mayor número de diputadas que de diputados; previamente en 1997, una
mujer, María Blázquez, fue elegida la primera Presidenta de estas Cortes.
Aquellos
primeros tiempos en los que un castillo servía como sede improvisada a la
institución naciente fueron de andares rápidos, de exploración de lo
desconocido, de hacer historia, doctrina y reglamento en cada acto, de hacer
experiencia desde la voluntad y también desde el voluntarismo. Podríamos aplicar
a ese período, aquella frase de Gandhi: "imperfecto como soy, comencé con
hombres y mujeres imperfectos por un océano sin rutas". El itinerario de
aquellas Cortes se iba marcando a ritmo de iniciativa de nuestros
representantes, con la única y no poco importante limitación que imponía
entonces nuestro Estatuto: como saben sus señorías, la restricción de los
períodos de sesiones a un total de cuatro meses al año. Pronto las Cortes se
sintieron encorsetadas en su función y también en su funcionamiento y fue
necesario diseñar un nuevo traje que vistiera a una institución que necesitaba
desarrollarse en la medida en que Castilla-La Mancha asumía más competencias,
más personal transferido, más presupuesto, más autonomía.
Nuestras
Cortes tuvieron un nuevo edificio e iguales períodos ordinarios de sesiones que
en el Congreso de los Diputados o en el Senado de España. Se ganó más espacio y
más tiempo también para el debate y el acuerdo.
En esta
legislatura, Castilla-La Mancha asumirá nuevas responsabilidades de
autogobierno, aquellas que nos ha de deparar el nuevo Estatuto de Autonomía de
Castilla-La Mancha, cuya reforma, aprobada unánimemente por la Cámara, está en
trámite en el Congreso de los Diputados, porque Castilla-La Mancha es una obra
en permanente construcción que debe adaptar su marco jurídico a los retos que
plantea nuestra Comunidad y, en ello, tenemos una especial obligación los que
hoy somos los representantes legítimos del sentir y de los anhelos de los
ciudadanos.
Ese día
a día de las Cortes al que me he referido no se hubiera podido escribir tampoco
sin la dedicación de los trabajadores y trabajadoras que hacen posible la tarea
parlamentaria. Nueve de ellos, a quien hoy distinguimos, llegaron cuando la
Cámara carecía de la más mínima infraestructura; ellos, junto a los que se han
ido incorporando sucesivamente, han dado muestras de una eficacia y de una
eficiencia sin las que difícilmente las Cortes serían hoy la Cámara moderna que
es, por eso quiero públicamente agradecerles su trabajo.
Todos
habéis hecho que la planta de la libertad y de la autonomía echara fuertes
raíces y creciera rápidamente. Abristeis las grandes alamedas por donde pasa el
hombre libre para construir una sociedad mejor, como dijera Salvador Allende. No
lo evoco desde la añoranza, lo hago simplemente desde el recuerdo emocionado y
como reconocimiento para todos aquellos que, como pioneros y pioneras,
levantasteis esta institución y con ello contribuisteis a hacer crecer a
Castilla-La Mancha.
Permitidme que personifique esta tarea en quienes me precedieron en la
Presidencia del Parlamento Regional, en Javier de Irízar, en José Manuel
Martínez Cenzano, en María Blázquez, en Antonio Marco y en Fernando López
Carrasco y en todos los diputados y diputadas que junto a ellos compartieron el
Gobierno de la Cámara. También en quienes fueron Presidentes de la preautonomía:
Antonio Fernández Galiano, Gonzalo Payo y Jesús Fuentes, que hoy se encuentra
entre nosotros, en quien ha presidido la Junta de Comunidades, José Bono, que
además ha sido quien más tiempo ha tenido el honor de ostentar la condición de
diputado de nuestras Cortes, y en el Presidente de la Junta, en el Presidente
Barreda, que además ha sido quien más tiempo ha presidido nuestra institución
parlamentaria, las Cortes de Castilla-La Mancha.
Sabéis
que en el Parlamento Regional, ayer antiguo convento, cuartel y prisión, hoy
reconvertido en templo de la palabra, tenéis vuestra casa, porque como dijera
Antonio Gala: "una casa es el lugar en el que uno es esperado" y aquí siempre
seréis bienvenidos y recordados.
Finalizo
ya. En este acto solemne y cargado de simbolismo quiero que mis últimas palabras
sean para recordar, siempre con cariño, a los que ya no están entre nosotros: a
Jesús Alemán, a Francisco Ballesteros, a Arturo Díaz, a Miguel Escudero, a Ramón
Fernández, a Jesús Garrido, a Juan Gómez Tomás, a Esteban López Vega, a Rafael
Mora, a Francisco Moreno, a Gumersindo Navarro, a Fortunio Parla, a Javier
Paulino, a Gonzalo Payo, a Jaime Pérez, a Mariano Romero y a José Tomás, hoy y
siempre estarán en nuestro corazón. Muchas gracias.
(Aplausos.)
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