Usted se encuentra en: Inicio - Presidencia

Atrás       Imprimir

XXV Aniversario de las Cortes de Castilla-La Mancha [29-05-2008]
línea morada

Señor Presidente del Congreso de los Diputados, señor Presidente de Castilla-La Mancha, Presidentes que lo habéis sido del Parlamento Regional, diputados y diputadas de las siete legislaturas de estas Cortes, autoridades, amigos y amigas, señorías, gracias a todos y a todas, a quienes estáis y a quienes no han podido compartir este día con nosotros, a los que fuisteis y a los que sois, sin vosotros Castilla-La Mancha no sería la espléndida realidad que hoy es.

Dentro de dos días festejamos el nacimiento de nuestra Región y de sus instituciones, cuyo linaje es el de la libertad plasmada en nuestra Constitución y en nuestro Estatuto de Autonomía. Aquel 31 de mayo de 1983 iniciamos la andadura de nuestra Región y, durante este tiempo, podemos decir que los ciudadanos de esta tierra hemos ganado una causa: la de convertir en realidad y en sentimiento el sueño de Castilla-La Mancha. Aquel día, aquel 31 de mayo Castilla-La Mancha abrió las puertas del futuro de par en par. Ese día, con libertad, con autonomía, con ilusión, con mucho trabajo y la voluntad de caminar juntos y superar dificultades, comenzamos a conquistar el mañana, porque no nos hicimos ilusiones sobre nuestro pasado sino que comenzamos a creer en nuestro futuro como Comunidad Autónoma.

No es necesario apelar a las estadísticas para comprobar que hemos aprovechado el tiempo y nuestras oportunidades. Los que conocimos el pasado y conocemos el presente sabemos de la profunda transformación modernizadora registrada en este tiempo y a ese logro hemos contribuido todos los ciudadanos sin excepción, porque el gran protagonista de ese cambio ha sido el pueblo de Castilla-La Mancha. Como decía Borges: "nadie es patria, todos lo somos".

Cada uno de vosotros, cada una de vuestras intervenciones parlamentarias, cada iniciativa, cada discurso, unas veces desde la discrepancia, otras desde el acuerdo, eran una idea que abría la puerta al futuro y al desarrollo, no sólo económico, social o cultural, sino lo que es más importante, al desarrollo de la convivencia libre y pacífica de una comunidad de hombres y mujeres. Hago mías las palabras del diputado Gonzalo Payo: "no luches contra mí, lucha conmigo por ese mundo que los dos queremos". Permitidme que diga que ese mundo es esta Castilla-La Mancha que entre todos estamos construyendo.

Antonio Gala, Medalla de Oro de nuestra Comunidad, dijo en cierta ocasión que "la democracia se presenta desnuda porque ha de convencer". Tiene razón, entre todos vestimos la desnudez democrática de una Región naciente y lo hicimos desde la convicción de que los castellano-manchegos y las castellano-manchegas tenemos extraordinarias cualidades y posibilidades y, en democracia, en libertad, hemos ido modificando el paisaje de nuestra tierra, comenzando por las propias instituciones. Hemos elevado a normal lo que en otro tiempo era una excepción, me refiero en concreto, a la composición, a la estructura, al funcionamiento de nuestras propias Cortes.

Hoy, la Cámara, es un reflejo claro y fiel de nuestra sociedad. Quien se asome a la memoria de la primera legislatura comprobará cómo aquel 1983 tan lejano pero tan cercano a la vez, abría el salón de Plenos a una única mujer, a Consuelo García Balaguer, que compartía las tareas legislativas y de control del Gobierno con 43 diputados. Veinte años después, en la legislatura pasada, las Cortes de Castilla-La Mancha alcanzaban la dignidad de ser el primer Parlamento autonómico en tener mayor número de diputadas que de diputados; previamente en 1997, una mujer, María Blázquez, fue elegida la primera Presidenta de estas Cortes.

Aquellos primeros tiempos en los que un castillo servía como sede improvisada a la institución  naciente fueron de andares rápidos, de exploración de lo desconocido, de hacer historia, doctrina y reglamento en cada acto, de hacer experiencia desde la voluntad y también desde el voluntarismo. Podríamos aplicar a ese período, aquella frase de Gandhi: "imperfecto como soy, comencé con hombres y mujeres imperfectos por un océano sin rutas". El itinerario de aquellas Cortes se iba marcando a ritmo de iniciativa de nuestros representantes, con la única y no poco importante limitación que imponía entonces nuestro Estatuto: como saben sus señorías, la restricción de los períodos de sesiones a un total de cuatro meses al año. Pronto las Cortes se sintieron encorsetadas en su función y también en su funcionamiento y fue necesario diseñar un nuevo traje que vistiera a una institución  que necesitaba desarrollarse en la medida en que Castilla-La Mancha asumía más competencias, más personal transferido, más presupuesto, más autonomía.

Nuestras Cortes tuvieron un nuevo edificio e iguales períodos ordinarios de sesiones que en el Congreso de los Diputados o en el Senado de España. Se ganó más espacio y más tiempo también para el debate y el acuerdo.

En esta legislatura, Castilla-La Mancha asumirá nuevas responsabilidades de autogobierno, aquellas que nos ha de deparar el nuevo Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha, cuya reforma, aprobada unánimemente por la Cámara, está en trámite en el Congreso de los Diputados, porque Castilla-La Mancha es una obra en permanente construcción que debe adaptar su marco jurídico a los retos que plantea nuestra Comunidad y, en ello, tenemos una especial obligación los que hoy somos los representantes legítimos del sentir y de los anhelos de los ciudadanos.

Ese día a día de las Cortes al que me he referido no se hubiera podido escribir tampoco sin la dedicación de los trabajadores y trabajadoras que hacen posible la tarea parlamentaria. Nueve de ellos, a quien hoy distinguimos, llegaron cuando la Cámara carecía de la más mínima infraestructura; ellos, junto a los que se han ido incorporando sucesivamente, han dado muestras de una eficacia y de una eficiencia sin las que difícilmente las Cortes serían hoy la Cámara moderna que es, por eso quiero públicamente agradecerles su trabajo.

Todos habéis hecho que la planta de la libertad y de la autonomía echara fuertes raíces y creciera rápidamente. Abristeis las grandes alamedas por donde pasa el hombre libre para construir una sociedad mejor, como dijera Salvador Allende. No lo evoco desde la añoranza, lo hago simplemente desde el recuerdo emocionado y como reconocimiento para todos aquellos que, como pioneros y pioneras, levantasteis esta institución  y con ello contribuisteis a hacer crecer a Castilla-La Mancha.

Permitidme que personifique esta tarea en quienes me precedieron en la Presidencia del Parlamento Regional, en Javier de Irízar, en José Manuel Martínez Cenzano, en María Blázquez, en Antonio Marco y en Fernando López Carrasco y en todos los diputados y diputadas que junto a ellos compartieron el Gobierno de la Cámara. También en quienes fueron Presidentes de la preautonomía: Antonio Fernández Galiano, Gonzalo Payo y Jesús Fuentes, que hoy se encuentra entre nosotros, en quien ha presidido la Junta de Comunidades, José Bono, que además ha sido quien más tiempo ha tenido el honor de ostentar la condición de diputado de nuestras Cortes, y en el Presidente de la Junta, en el Presidente Barreda, que además ha sido quien más tiempo ha presidido nuestra institución  parlamentaria, las Cortes de Castilla-La Mancha.

Sabéis que en el Parlamento Regional, ayer antiguo convento, cuartel y prisión, hoy reconvertido en templo de la palabra, tenéis vuestra casa, porque como dijera Antonio Gala: "una casa es el lugar en el que uno es esperado" y aquí siempre seréis bienvenidos y recordados.

Finalizo ya. En este acto solemne y cargado de simbolismo quiero que mis últimas palabras sean para recordar, siempre con cariño, a los que ya no están entre nosotros: a Jesús Alemán, a Francisco Ballesteros, a Arturo Díaz, a Miguel Escudero, a Ramón Fernández, a Jesús Garrido, a Juan Gómez Tomás, a Esteban López Vega, a Rafael Mora, a Francisco Moreno, a Gumersindo Navarro, a Fortunio Parla, a Javier Paulino, a Gonzalo Payo, a Jaime Pérez, a Mariano Romero y a José Tomás, hoy y siempre estarán en nuestro corazón. Muchas gracias.

(Aplausos.)

 línea morada