25 Aniversario de las Cortes de Castilla-La Mancha

Discurso de D.José Bono Martínez

Querido presidente de Castilla-La Mancha, querido presidente de las Cortes, señoras y señores, amigas y amigos.

 He preparado un discurso escrito, pero al llegar a este lugar me resulta imposible dejar a un lado las emociones, por cierto, coincidentes y comentadas con el presidente Barreda nada más entrar. Recuerdo y quiero compartir con quienes entonces, Jesús Fuentes y tantos otros nos acompañaban, cómo llegamos a esta iglesia de San Pedro Mártir, la cual quien no ha había vivido en Toledo no la localizaba en el Casco y acompañado de José María Barreda, de Clementina y de mi esposa, íbamos preguntando “¿dónde está San Pedro Mártir?, decía mi mujer: "porque mi marido tiene que dar una conferencia".

 Empezaba la autonomía con un nivel de conocimiento que no es preciso glosar mucho más y con lo que acabo de decirles doy rendida cuenta de la emoción y de los sentimientos populares sobre lo que entonces y aquí nacía. Aquí nos recibieron un grupo de muchachos, ahí en el coro, con una pancarta que en una sábana blanca decía: “Defended Cabañeros”. Recuerdo que pregunté al presidente Barreda y a Mario Mansilla “¿qué es Cabañeros?”. Luego nos hemos ido enterando de lo que era Cabañeros, pero por si acaso tenía que recibir una buena instrucción sobre quién mandaba. Y el Delegado del Gobierno de entonces me dijo: “¡Olvídate, eso está decidido!” Algún día, no digo que pensé que había que haberle hecho caso al Delegado del Gobierno, que no, porque han pasado tantos años y lo que decían ser esencial para la defensa y los ejércitos, puedo certificarles que no era tan necesario; contra hechos no valen razones y alguna experiencia he adquirido después en el Ministerio de Defensa, pero Cabañeros, José María, se salvó por aquella pancarta, que sin duda al verla, me incomodó, no sabía ni lo que significaba. No es que con esto anime a los protestantes ni a los protestones sino que evoco así cómo hemos ido aprendiendo en la cercanía de los ciudadanos y cómo no hay encuesta que sustituya lo que los ciudadanos te trasladan en la cercanía, en el respeto, en el afecto que han sido las reglas generales con las que en esta tierra hemos intentado hacer las cosas. Yo asisto a este acto con una emoción que es fácil entender sin que la explique mucho. Borges decía que "el tiempo es la sustancia de la que estamos hechos" y actos como el de hoy lo prueban.

 Yo quisiera comenzar dándole gracias a la vida, dándole gracias a Dios por permitirnos a quienes hoy estamos aquí vislumbrar y ver nuestra propia historia, la que hemos hecho e inmediatamente recordar a quienes se nos fueron. Las Cortes de Castilla-La Mancha forman una parte de nuestra historia colectiva y de nuestra historia personal, de manera muy significada, son parte de lo que fuimos y de lo que somos y en un día como hoy, rendir homenaje a quienes han sido artífices durante cinco lustros del nacimiento y desarrollo político de Castilla-La Mancha, es hacerlo a los diputados, y a los trabajadores que nos han acompañado. Por el impulso de esos aplausos acierto a comprender algo que no es sino evidente: nosotros, los diputados, hemos sido y somos temporeros y son, permanentes los que han podido recibir también con tanta justicia esa medalla por cuya iniciativa felicito al señor presidente de las Cortes.

 Hoy ofrecemos también un homenaje a los que -en su inmensa mayoría estamos aquí-están felizmente con nosotros y singularmente a los diecisiete ausentes. A ellos y a sus familias quisiera, como ya se ha hecho, dedicar y unirme al respetuoso recuerdo; nadie muere si sus obras perviven en la memoria de los vivos y ellos, nuestros compañeros, que han sido citados con sus nombres y apellidos tendrán siempre el honor de vivir en la savia que ha dado y seguirá dando vida a nuestra Región. Recordarles ahora es hacer vivir entre nosotros lo que significaron, es un acto de justicia.

 También es de justicia señalar un signo inequívoco del cambio, el papel de la mujer en la vida regional. Ya se ha dicho que en aquellas primeras Cortes Consuelo García Balaguer fue la primera y única diputada; hoy son 24, probablemente no habrá una cifra que resuma tan cabalmente el progreso como la que acabo de citar. Ser testigo del pasado nos obliga, por encima de todo, a ser veraces, a decir la verdad. Hace 25 años no sentíamos el ímpetu autonómico irrefrenable que otros decían sentir en aquella época.  Yo recuerdo los trabajos de confección del Estatuto de Autonomía en Ocaña, o en Villarrobledo, con Arturo García Tizón, hoy aquí también presente, intentando justificar lo que desde fuera no solamente se nos negaba, sino se nos intentaba imponer, como se decía, una Mancomunidad de Diputaciones y con eso tienen bastante.

 Así eran las cosas entonces: la autonomía no venía a satisfacer ninguna demanda porque nosotros no la habíamos formulado. En abril de 1982 Gonzalo Payo encargó una encuesta, y por ejemplo, de ella se deducía que el 23 por ciento de los castellano-manchegos de entonces, no sabían ni cuántas provincias componían la Comunidad Autónoma naciente y a principios de 1983 fue Jesús Fuentes quien preparó otra consulta y según ella el 15 por ciento de los castellano-manchegos eran los únicos que sabían que existía un Gobierno preautonómico para Castilla-La Mancha. Nos importaba entonces el bienestar de nuestra gente, nos dolía, ¡cómo no! ser la única región de España que no tenía Universidad o que hubiese en esta tierra 80.000 casas, 80.000 viviendas que no tenían cuarto de baño, o 118 núcleos de población que no tenían luz eléctrica.

 Por ello, la autonomía tenía que ser útil o no iba a valer para nada, no podíamos buscar identidades sino elementos de progreso y no nos quedaba más remedio que ser eficaces. Nosotros no teníamos una historia distinta a la de España, habíamos sufrido, sin embargo, los efectos del centralismo más que algunas de las regiones del litoral. Con la autonomía no pretendíamos ser diferentes, ni sobrepasar a nadie, simplemente aspirábamos, con esperanza, a ser iguales porque no éramos iguales, ni en derechos, ni en servicios ni en libertades.

 La historia se había portado muy mal con nuestra tierra: casi el 45 por ciento de los castellano-manchegos no entendían lo que leían, eran analfabetos funcionales. En otras tierras de España, injusta e ilícitamente, no se les dejó aprender el idioma propio materno, en nuestra tierra no se les enseñó a leer ni a escribir ningún idioma. No buscábamos identidades para diferenciarnos de nuestros vecinos, supimos entonces y sabemos ahora que lo que nos diferencia a los seres humanos es muy poco, eso sí, nos empeñamos todos los días en exagerar lo que nos diferencia y a veces conseguimos buenos resultados, pero a estas alturas del curso sabemos que no hay ningún país en el planeta que sea racial ni culturalmente puro, ni maldita falta que le hace al planeta ni a nosotros países o regiones puras cultural o racialmente hablando. Hasta hace 40 ó 50 años las identidades colectivas se percibían como algo natural: quien tuviera una identidad confusa o doble o mezclada era poco de fiar ¡que se lo pregunten a los judíos en Alemania! Porque para un verdadero alemán de los de entonces había que desconfiar de quien, además de alemán, era judío, ya que las identidades mezcladas no gustaban a quienes entonces imponían criterios totalitarios.

 Hoy tendemos a creer lo contrario y sabemos que las identidades no son naturales sino que son adquiridas, incluso yo creo, con perdón, que en gran medida hasta las sexuales, las identidades no son eternas sino que son cambiantes y además todos participamos de un gran número de identidades colectivas, los españoles, además de españoles pueden ser católicos o agnósticos, ateos o protestantes, judíos o profesores, militares o jóvenes, viejos u hombres o mujeres, no somos todos exactamente iguales en la identidad aunque sí aspiramos  a serlo en derechos.

 Me complace levantar la vista y ver por todas partes ideas diferentes, identidades mezcladas, ¡claro que sí! Y, sobre todo, me agrada ver caras amigas, comprobar cómo el saludo y el abrazo se prodigan y se van a prodigar por doquier en cuanto que acabe el acto institucional; ver cómo surge de modo natural la broma y el recuerdo, la anécdota y la palabra amable y eso no es casualidad, ni cortesía fingida, al menos en la mayoría de los casos.

 Hemos discrepado mucho, veo al señor Molina; hemos discrepado mucho, señor Conde; hemos discrepado mucho señor Síndico de Cuentas; hemos discrepado mucho, señor Cañizares; mucho incluso Mario Mansilla hemos discrepado mucho; sí pero en la discrepancia he podido citar nombres y personas; hemos discrepado mucho señor Serrano, don Lucrecio, pero hemos sabido construir el afecto y la amistad sincera, se me ocurren más nombres, los veo, los identifico, no lo tomen a descortesía no puedo citarles a todos pero yo no puedo olvidar cómo votó Paco Ballesteros la primera vez que fue diputado en estas Cortes y no puedo olvidar que en los momentos más difíciles de mi Presidencia, nunca, en los más difíciles, en el más difícil de todos, Anastasio, en ese momento no me faltó el principal apoyo del Partido Popular y simplemente lo evoco y lo agradezco a todos ellos.

 He tenido el honor de presidir durante algunos años el Gobierno Regional y la principal enseñanza adquirida es que se aprende más en el diálogo, incluso en las discrepancias que en el aplauso, aunque a todos nos gusta más el aplauso que la crítica, pero como decía André Gide hay que “creer a los que buscan la verdad y hay que dudar de los que ya la han encontrado”.

  Mi modesta pero sentida contribución en este día, quizá sea poder citar a los portavoces con los que discrepé, con los que hoy mantengo una excelente relación de amistad lo que ya es llamativo. Por eso quiero citar a Mauro García Gaínza Mendizábal, a Cañizares como hacía, a Felipe Caballero, a Luis Toledano, a Agustín Conde, a Arturo García Tizón, a Rosa Romero y les cito en su calidad, ¡claro! de adversarios políticos para a continuación subrayar que probablemente eso sea lo más noticioso porque citar de manera concreta y en este punto a José María Barreda o a quienes han formado parte de mis Gobiernos, sería redundancia, pero aquí en esta tierra me ha sido posible ser presidente, José María, sobre todo, gracias a ti. Tú sabes mejor que nadie de los presentes que no sé trabajar en el desafecto y por tanto, tu inteligencia, tu capacidad y tu afecto son los que han hecho posible vencer mis debilidades y mis servidumbres. Y sabes también que probablemente sólo hay una persona aquí que te conoce mejor que tu mismo, y que soy yo. Si la oposición las hubiese conocido en la medida que tú o que yo, probablemente no estaría hablando de los años en que he sido presidente, por eso y por encima de todos y de todo y de todas, gracias presidente.

 Comenzaba diciendo que el tiempo de Castilla-La Mancha es nuestro propio tiempo y que su historia es parte de la nuestra. En mi caso pueden imaginar ustedes que no me esfuerzo al decirlo; en junio de 1983 fui su primer presidente, en abril de 2004 dejé de serlo para incorporarme al Gobierno de España. Recuerdo que en la toma de posesión del nuevo presidente de Castilla-La Mancha dije, ante José María Barreda, unas palabras que hoy, simplemente, evoco: he tenido otras responsabilidades, ninguna podrá equipararse a la fuerte emoción con la que he vivido, con la que probablemente, la edad también me acompañó, la fuerza, el cariño y el respeto por esta tierra por muchos años que Dios me dé de vida no me va a dar los suficientes para agradecerles a todos, de un lado y de otro, el afecto que he podido percibir y que aún percibo.

 No me queda nada más que desearles que celebren, que celebremos, este día con afecto, con cariño, recordando sobre todo a los que se fueron y haciéndolos vivir en nuestro corazón más allá de las palabras que acertada, equivocada o torpemente sepamos dirigirles a cada uno de ellos.

 Hasta siempre y muchas gracias.

      (Aplausos).

 José Bono Martínez

   
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